Este año en Etiopía no se mide en meses ni en cifras, sino en vidas acompañadas, capacidades fortalecidas y futuro sembrado. Ha sido un año intenso, exigente y profundamente humano, en el que hemos seguido demostrando que incluso en los contextos más frágiles es posible construir salud, dignidad y esperanza.
En el Hospital Rural de Gambo y en distintos puntos de la región de Oromía hemos continuado atendiendo a miles de niños, mujeres y familias en un contexto marcado por la pobreza estructural, las secuelas de la guerra, las epidemias recurrentes y la escasez de recursos.
Hemos afrontado patologías graves como desnutrición infantil, neumonías, sepsis, tuberculosis, meningitis y complicaciones del parto, garantizando atención médica de calidad allí donde a menudo no llega nadie más.
Cada guardia y cada ingreso han sido un recordatorio de por qué seguimos aquí: nadie debería morir por el simple hecho de haber nacido en el lugar equivocado.
Uno de los grandes hitos del año ha sido el refuerzo integral del programa materno-infantil, clave para reducir la mortalidad evitable.
Todo ello se integra en el programa de los 1.000 primeros días de vida —desde los 9 meses de embarazo hasta los 2 años—, una etapa crítica que condiciona la salud de toda una vida.
La desnutrición sigue siendo una de las principales amenazas para la infancia. Este año hemos reforzado un abordaje completo:
Convencidos de que enseñar a salvar vidas es aún más transformador que salvarlas, este año hemos dado pasos decisivos en el ámbito formativo:
Este modelo garantiza sostenibilidad, liderazgo local y un impacto que perdura en el tiempo.
El programa MedBrain Blueprint ha seguido creciendo como una herramienta pionera que integra inteligencia artificial al servicio de la salud infantil en contextos rurales.
MedBrain no sustituye a los profesionales, los acompaña y empodera, ayudando a tomar mejores decisiones clínicas y a reducir errores diagnósticos y mortalidad evitable.
La tecnología solo tiene sentido cuando está al servicio de los más vulnerables.
Este año hemos reforzado el trabajo con la comunidad de personas afectadas por la lepra, desde un enfoque de dignidad y empoderamiento:
Un paso clave hacia la sostenibilidad ha sido la formación y empoderamiento de una directora etíope de proyectos, reforzando el liderazgo local y avanzando hacia un modelo de cooperación basada en la corresponsabilidad y la confianza.
Este año también ha sido un año de escucha, acompañamiento y presencia. De compartir el dolor de las familias, la fortaleza de las madres y la resiliencia de los niños.
Porque la salud no es solo ausencia de enfermedad: es dignidad, comunidad, justicia social y amor encarnado en gestos cotidianos.
Cerramos el año con cansancio, sí, pero también con una profunda gratitud y una certeza intacta:
lo que estamos construyendo en Etiopía merece la pena.
Nadie tiene que morir cuando no le toca morir.
Hay algo mejor que salvar vidas: enseñar a salvarlas.
Gracias a todas las personas e instituciones que lo hacen posible.
Este camino no es individual: es un camino compartido.
Cooperación con Alegría nace de una convicción profunda: la cooperación internacional solo tiene sentido cuando se construye desde el encuentro entre personas, el respeto mutuo y la dignidad humana. No somos solo un proyecto ni un espacio de comunicación; somos una manera de mirar el mundo y de estar en él.
Este espacio surge de la experiencia directa en cooperación, especialmente en el ámbito de la salud global y la atención a comunidades vulnerables, con una presencia continuada en zonas rurales de Etiopía. Cada palabra que aquí se comparte nace del terreno, del trabajo cotidiano junto a profesionales locales y comunidades que enseñan, cada día, el verdadero significado de la resiliencia y la esperanza.
Creemos en una cooperación ética, responsable y transformadora, que huye del asistencialismo y apuesta por el empoderamiento local, la formación y el fortalecimiento de los sistemas comunitarios. Cooperar no es “ayudar desde arriba”, sino caminar juntos, aprender, escuchar y compartir responsabilidades.
Entendemos la cooperación como un acto profundamente humano. Por eso, ponemos en el centro a las personas, sus historias y sus procesos, más allá de cifras, indicadores o resultados inmediatos. Apostamos por el compromiso a largo plazo, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, y la presencia continuada allí donde más se necesita.
Nos mueven valores sencillos y esenciales: la alegría, no como ingenuidad, sino como fuerza transformadora; la compasión, que nos permite mirar al otro con ternura y respeto; la humildad, para reconocer que siempre tenemos más que aprender; y la esperanza, como motor de cambio incluso en contextos de gran vulnerabilidad.
Creemos que la cooperación también es reflexión, palabra y relato. Por eso, este espacio da voz a experiencias reales, aprendizajes, dudas y preguntas que invitan a repensar cómo cooperamos y desde dónde lo hacemos.
En Cooperación con Alegría nos comprometemos a:
Porque cooperar, para nosotros, es también un acto de amor.